Yo hago ruido cuando escribo, ruido cuando ardo, cuando contradigo, cuando amanezco desvestida, cuando encuentro lo inabarcable; escribo para un duelo para anestesiar o para clavar precisa o indecisa, y me destruyo, me colapso, me muero en su temblor y me vierto en su pulso de cirujano; sí, a veces la escritura se me hace casi una parca, cierto, también mi muerte chiquita, por eso cuantas veces me engendro yo misma son las veces que me habito y te habito para alimentar juntos al embrión.



domingo 5 de julio de 2009


Caen trozos de cabello en las peluquerías del mundo

Luis Humberto Crosthwaite


A Sandra Guzmán

I almost cutted my hair

it happened just the other day

David Crosby



Para muchos, cortarse el cabello es una cosa normal. Para mí no, ponerse en manos de un extraño entijerado es una de las peores pesadillas. Se lo trato de explicar pero ella no entiende, mi nueva esposa en la noche, cepillándose el pelo, limándose las uñas.

Al cabello le tengo un amor casi supersticioso. Cumple una función vital, purifica el organismo, resguarda de los malos espíritus y mantiene la salud mental. Mi nueva esposa se dispone a dormir. Decide no hablarme.

Recuerdo la primera vez que entré a una peluquería. Yo era un chiquillo inocente, ingenuo ante la vida, crédulo a morir. El viejo cortapelo era mañoso, siniestro, patibulario. Acomodó un banquito en la silla móvil para que me sentara. Sonreía con dos o tres dientes de plata mientras manipulaba mi cabeza como si fuera un sartén. Miré caer los trocitos de cabello y sentí que la vida se me iba, que salía de mí como el alma de los aborígenes cuando alguien les toma una fotografía.

No volví a ser el mismo, mi mundo perdió su inocencia, su color. Lloré mis mejores lágrimas en esa peluquería.

Le digo a mi nueva esposa: el cabello debe ser dejado en paz.

Ella bosteza. Decide ya no mirarme.

Al transcurrir el tiempo, el peluquero se ha ido extinguiendo como inútil dinosaurio, ha tomado forma juvenil y ha cambiado su nombre. ¡Pobres de nosotros que caemos en manos de los estilistas creyendo sus propuestas de un mundo mejor!

Con ellos, el resultado es el mismo: cabello al suelo, barrido al final del día y entregado a la basura como trapo sucio.

Todos son iguales. Se acercan a tu oído y te murmuran conjuros tratando de adormecerte. Serás un hombre distinto al despertar, nunca lo que tú habías querido ser.

Le digo a mi nueva esposa: son hechiceros. Ella casi está lista para dormir. Decide no tocarme.

Entonces, ¿por qué ponerse en manos de los entijerados? Tiene que ver, antes que nada, con la educación familiar. Nuestros padres siempre estarán ahí para recordarnos que el corte militar es el mejor, que hasta Elvis Presley se cortó el cabello cuando se fue a la guerra, que hasta John Lennon lo hizo cuando dejó a los Beatles. ¿Cómo combatir ese razonamiento en la adolescencia? Tal vez lo mejor hubiera sido reclamar: “¿Pero, jefes, Elvis murió gordo y desolado mientras que el bienamado John fue baleado frente a su casa!” No lo habrían comprendido de todos modos y uno siempre acabaría en una lenta y alicaída marcha hacia la peluquería.

Escucho a mi nueva esposa en el baño. Ella cepilla sus dientes. Nada quiere saber de mí.

Estoy perdido, lo sé. Mi nueva esposa se acuesta a mi lado y su mejor perfume impregna la recámara. Se ha puesto el camisón azul que tanto me agrada.

La pérfida.

La he visto esconder las tijeras bajo la almohada, la he descubierto y ahora finge dormir, mujer alevosa, mujer falaz, mi nueva esposa.

Yo también fingiré dormir y al sentir sus manos en mi cabello, muy a pesar, callaré dejando que sus manos hagan lo suyo, abandonándome en la calvicie y el trasquile. Mañana, en la noche, mi nueva esposa tendrá de nuevo palabras dulces y tacto suave para mí, tratando ella de compensar, de explicarme lo bien que me veo así, sugerirá un traje, ella no entiende: mi cabello corto, la vida perdida. Esta es, sin duda, la triste historia de un hombre sin paz en el alma.



Extraído de Relatos mexicanos posmodernos

Selección y prólogo de Lauro Zavala

Editorial Alfaguara.




Hey hey, uno de mis autores favoritos es Luis Humberto Crosthwaite, y lo conocí precisamente con este cuento, que también es uno de los principales que tengo en mi listita de los entrañables. Recuerdo que este cuento me lo mostró el querido Gerul, en unos años hermosos, cuando recién iniciábamos la carrera, cuando yo no tenía la mínima idea de qué estaba haciendo allí, por fortuna los años no se regalan, pero existe algo en lo que no he cambiado desde entonces, aún creo que los cortes de cabello son depuraciones del alma, son renovaciones personales, yo cada que me corto el cabello es necesariamente para arrancarme algo, y reiniciar, es por eso que Crosthwaite me impactó tanto, a decir verdad, lo adoro, me crispó la piel, cada que iba a casa de Gerul, buscaba ese libro, hasta que me hice de él, y ahora como lo prometí a alguien, lo transcribo para leerlo y leerlo y leerlo y deducir todas las fenomenales conclusiones que esta historia tiene.

Va, pues de retorno blogueril, a empezar con algo chingón.

lunes 1 de junio de 2009

Yeyeyeyeyeyeahhhh!



Parece que ahora sí es la buena, ¡yuju! Esperamos contar con su presencia.

Ojo: en el flayer dice que será a las 8, un pequeño error, la cita es a las 8:30 pm, pero sean puntuales, de cualquier forma.

lunes 25 de mayo de 2009

3er Concurso de Cuento Palabras Malditas (¡Sí es real! Verdá de dio)


Palabras Malditas y Radio Efímera

convocan

1. Podrán participar escritores mexicanos y extranjeros que radiquen en la República Mexicana.

2. Se podrá participar con un solo cuento inédito, en español y de temática libre, actual y que se identifique con el espíritu de nuestro sitio (lo que sea que eso signifique). Inédito implica también blogs y sitios personales.

3. El cuento deberá ser enviado únicamente a la dirección electrónica: concurso@palabrasmalditas.netEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla

4. En el cuerpo del correo electrónico deberá especificarse: Título del cuento, nombre completo del autor, nacionalidad, edad, dirección completa y número de teléfono.

5. En documento adjunto deberá enviarse el cuento en formato de Microsoft Word o RTF con las siguientes características: tipo de letra arial, 12 puntos, interlineado de 1.5 y un máximo de 10 cuartillas.

6. El cuento deberá llevar únicamente el título, sin ningún otro dato que pueda revelar la identidad del concursante.

7. La convocatoria queda abierta a partir de esta publicación y cierra el próximo 31 de octubre del 2009.

8. Al participar en el concurso se otorga automáticamente a Palabras Malditas el derecho a publicar los mejores trabajos.

9. Primer lugar $5,000 pesos y publicación del cuento ganador. En caso que durante los siguientes meses recibamos recursos adicionales, así como donativos al sitio, elevaremos el premio a $10,000 pesos dentro de lo posible.

10. Al segundo y tercer lugar se les otorgará un paquete de libros cortesía de Colofón y publicación de la obra.

11. El jurado estará conformado por un escritor de reconocido prestigio y los resultados se darán a conocer durante el mes de enero del 2010 en nuestra página.

12. Cualquier duda podrá ser consultada a la dirección: maquina@palabrasmalditas.net


------------------------------------------------------------------------------------------------

En otros asuntos pero no por ello desligado del tema, les aviso que ya tenemos reprogramación de fecha para la presentación de la antología PalMal, les adelanto: Miércoles 3 de junio, en el exconvento del Carmen a las 8:30 de la noche.

Más adelante les enviamos la invitación, besitos miles, y éntrenle al concurso!

viernes 15 de mayo de 2009


Mi madre me ha regalado una estampa del rostro de Jesucristo crucificado, ella es tan ingenua, cree que tal vez si me vuelvo creyente como de niñita, podemos orar juntas por mi padre o por su pierna o su corazón o su alma, mi padre está hecho pedazos ya no sabemos qué le duele y qué nos duele a nosotras, mi madre dice: “sólo Dios sabe”, a mí su omnisciencia no me sirve para nada, pero a ella no le puedo decir eso, no por mí que no creo nada desde los 7 años, aunque repetía como borrega las oraciones de las monjas excitadas en las clases, es aberrante recordar eso, mi madre cree que el rostro de Jesucristo es milagroso, pero la verdad es que en el fondo sé qué milagro suplica mi madre y sé también que se le acaba la fe todos los días, pero es una gran migala, teje una historia nueva, una fe nueva cada mañana, aunque triste tiene fe.

Yo no sé qué tengo, sólo estoy vulnerable y me pongo fatídica y huraña, y me vuelvo selectiva me gusta cernir y piscar, me gusta abrazarme de lo verdadero necesario. Cuando me vulnero por la razón que fuere, me reconstruyo y me reinvento y suene como suene, que se quede y se mantenga quien lo quiera hacer, las verdades son una huella digital cada una es diferente y es el deber de cada quien defender su huella, y yo admito eso con tanta solemnidad y respeto, hago reverencia a quien defiende su huella y si esto vale no quedar en la selección, me es aún más digno.

Dentro de esta vulnerabilidad que me cargo cabe la contemplación, ayer mientras mi padre hacía como que dormía, pero sólo apretaba los párpados, le vi dos huecos impresionantes en sus ojos, y dije: ¡voy escribir de ellos!, y estaba perpleja apreciándolo ahí en su cama tan lleno de huesos y desazón, cuando abrió los ojos, me asusté sentí que él sabía que estaba allí escudriñándolo, como irrumpiendo su soledad y sentí miedo. En sus ojos siguieron los huecos, ya no quiero escribir de ellos. Mejor decidí contemplar los ojos vueltos al cielo de Jesucristo, dicen que clamaba a Dios, que dicen que es él mismo, rayos, siempre me he confundido con eso de la trinidad, y tampoco me gusta esa palabra como nombre: Trinidad, es horrible. Bueno, los ojos de Jesús, el rostro demacrado y moribundo es, en verdad, patético, jamás lo había visto tan de cerca, tan de verdad, no sé, pero justo ahora la observo y siento una sensación pavorosa, es que la mística debe ser exorbitante para hacer de un pasaje bíblico una obra de arte, como el Cristo de Diego Velázquez, en fin, no me conmueve pero sí me transgrede los sentidos, me pregunto si esta apreciación me vale como oración.

Como decía con esto de la vulnerabilidad y ya hacía mucho que no me sentía así e igualmente, hacía tanto que no escuchaba “Escapar” con Eva Amaral y Moby, ñoñísima hasta la madre, pero a mí me hace mucho bien, y la vuelvo a poner, ja. Como dijo William Blake, Si las puertas de la percepción fueran abiertas el hombre percibiría todas las cosas tal como son, infinitas. Noooooo infinitas noooo, ja!



P.d. Compro un globo terráqueo antiguo, no tan viejito, bueno poquito, como sea pero quiero un globo terráqueo.

martes 12 de mayo de 2009

De nuevo yo, Silvana.



Como sabes, no me gusta hablar mucho, no me gusta decir que soy así, que soy asá, siempre digo menos de lo que pienso que soy y soy mucho menos de lo que me pienso que soy, minimizo, te das cuenta…, casi siempre te busco cuando me siento deliberadamente pequeña y cuando estoy al borde, porque me gustan los filos, ya lo sabes: triste, insensata, trágica, ninfómana, contenta, suicida o en paz, pero nunca estoy conforme con nada; la última vez que te marqué dejé más de veinte mensajes, la maldita voz de marica que pones en la contestadora ya hasta bostezaba, es tan de tu pertenencia. Te dejé dicho que no me respondieras, que sólo quería hacer catarsis, que lamentaba interrumpirte, que nunca espero nada, ya sabes, siempre quiero que parezca sincero, encendímicigarrolimpiélalágrimademimejilladiunacaladayvolvíadecirte: “Nunca espero nada.” Después quise recordar todo lo que te dije, fue inútil, mi memoria es como una barra de plastilina al sol, lo hubiera escrito, maldije hasta desgastarme. Por eso me encanta el verbo hubiera, es el mejor, su existencia me es irreversible, es tan real, encabronadamente real que lo evadimos aterrados, creemos curar nuestros fracasos privándonos de su existencia, somos tan prácticos cuando se trata de esquivar. Decimos que no existe porque nos lastima, porque nos otorga el veredicto más cruel en nuestras historias, es el flagelador más siniestro de nuestra conciencia, decimos: “el hubiera no existe”, que pena creerlo así, si no existiera, los científicos fueran unos idiotas idealistas, y nada más. Sin embargo este verbo está siempre atestado en nuestros intersticios; y la verdad es que me gusta tanto como duele, sacude y carboniza los egos. Además ningún otro verbo logra espantar los delirios del envanecido y aterrizar las probabilidades con esa delicia propia del “si hubiera…”, ¿acaso no es el mejor método de conocimiento: ensayo-error?

Una vez escuché decir a una prostituta: “si hubiera sabido que era famoso ni le cobro…”, la amiga le respondió que no fuera pendeja, claro, no supo leer entre líneas. Si yo hubiera sabido que tú también enciendestucigarrolimpiastuslágrimasdasunacaladaodosrespirashondoydices: “Nunca espero nada”. Mientes en todo, menos en ésto, y la primera vez que lo dijiste yo todavía no descubría que lo mio era miedo. En realidad, sí te espero, y te escribo esperando me leas con asilo, aunque no sepas leer entre líneas, creo que broto con tanta humanidad, como con la que broto en el espejo cuando me poso en él para ponerme maquillaje en las ojeras que me hacen ver vencida y a levantarme las pestañas que sin ellas moriría de soledad, no puedo dejar de pensarme con tanta humanidad, mis ojos son un par de armas que penetran y cuando el calibre se aterroriza de lo que ve ahí dentro, se traba, se atisba, nunca soy capaz de matarme, mis ojos son mi cáncer porque me veo tan miserable y tan llena a la vez, pero tú sólo lees imaginando que estoy masturbándome como una profesional, pero no, escribí esta carta sin dejar de escuchar una y otra vez “Waiting for the Miracle”, … When you've fallen on the highway / and you're lying in the rain, / and they ask you how you're doing / of course you'll say you can't complain / If you're squeezed for information, / that's when you've got to play it dumb: / You just say you're out there waiting / for the miracle, for the miracle to come. Mi mejor estadía frente el espejo: Leonard Cohen.