Caen trozos de cabello en las peluquerías del mundo
Luis Humberto Crosthwaite
A Sandra Guzmán
I almost cutted my hair
it happened just the other day
David Crosby
Para muchos, cortarse el cabello es una cosa normal. Para mí no, ponerse en manos de un extraño entijerado es una de las peores pesadillas. Se lo trato de explicar pero ella no entiende, mi nueva esposa en la noche, cepillándose el pelo, limándose las uñas.
Al cabello le tengo un amor casi supersticioso. Cumple una función vital, purifica el organismo, resguarda de los malos espíritus y mantiene la salud mental. Mi nueva esposa se dispone a dormir. Decide no hablarme.
Recuerdo la primera vez que entré a una peluquería. Yo era un chiquillo inocente, ingenuo ante la vida, crédulo a morir. El viejo cortapelo era mañoso, siniestro, patibulario. Acomodó un banquito en la silla móvil para que me sentara. Sonreía con dos o tres dientes de plata mientras manipulaba mi cabeza como si fuera un sartén. Miré caer los trocitos de cabello y sentí que la vida se me iba, que salía de mí como el alma de los aborígenes cuando alguien les toma una fotografía.
No volví a ser el mismo, mi mundo perdió su inocencia, su color. Lloré mis mejores lágrimas en esa peluquería.
Le digo a mi nueva esposa: el cabello debe ser dejado en paz.
Ella bosteza. Decide ya no mirarme.
Al transcurrir el tiempo, el peluquero se ha ido extinguiendo como inútil dinosaurio, ha tomado forma juvenil y ha cambiado su nombre. ¡Pobres de nosotros que caemos en manos de los estilistas creyendo sus propuestas de un mundo mejor!
Con ellos, el resultado es el mismo: cabello al suelo, barrido al final del día y entregado a la basura como trapo sucio.
Todos son iguales. Se acercan a tu oído y te murmuran conjuros tratando de adormecerte. Serás un hombre distinto al despertar, nunca lo que tú habías querido ser.
Le digo a mi nueva esposa: son hechiceros. Ella casi está lista para dormir. Decide no tocarme.
Entonces, ¿por qué ponerse en manos de los entijerados? Tiene que ver, antes que nada, con la educación familiar. Nuestros padres siempre estarán ahí para recordarnos que el corte militar es el mejor, que hasta Elvis Presley se cortó el cabello cuando se fue a la guerra, que hasta John Lennon lo hizo cuando dejó a los Beatles. ¿Cómo combatir ese razonamiento en la adolescencia? Tal vez lo mejor hubiera sido reclamar: “¿Pero, jefes, Elvis murió gordo y desolado mientras que el bienamado John fue baleado frente a su casa!” No lo habrían comprendido de todos modos y uno siempre acabaría en una lenta y alicaída marcha hacia la peluquería.
Escucho a mi nueva esposa en el baño. Ella cepilla sus dientes. Nada quiere saber de mí.
Estoy perdido, lo sé. Mi nueva esposa se acuesta a mi lado y su mejor perfume impregna la recámara. Se ha puesto el camisón azul que tanto me agrada.
La pérfida.
La he visto esconder las tijeras bajo la almohada, la he descubierto y ahora finge dormir, mujer alevosa, mujer falaz, mi nueva esposa.
Yo también fingiré dormir y al sentir sus manos en mi cabello, muy a pesar, callaré dejando que sus manos hagan lo suyo, abandonándome en la calvicie y el trasquile. Mañana, en la noche, mi nueva esposa tendrá de nuevo palabras dulces y tacto suave para mí, tratando ella de compensar, de explicarme lo bien que me veo así, sugerirá un traje, ella no entiende: mi cabello corto, la vida perdida. Esta es, sin duda, la triste historia de un hombre sin paz en el alma.
Extraído de Relatos mexicanos posmodernos
Selección y prólogo de Lauro Zavala
Editorial Alfaguara.
Hey hey, uno de mis autores favoritos es Luis Humberto Crosthwaite, y lo conocí precisamente con este cuento, que también es uno de los principales que tengo en mi listita de los entrañables. Recuerdo que este cuento me lo mostró el querido Gerul, en unos años hermosos, cuando recién iniciábamos la carrera, cuando yo no tenía la mínima idea de qué estaba haciendo allí, por fortuna los años no se regalan, pero existe algo en lo que no he cambiado desde entonces, aún creo que los cortes de cabello son depuraciones del alma, son renovaciones personales, yo cada que me corto el cabello es necesariamente para arrancarme algo, y reiniciar, es por eso que Crosthwaite me impactó tanto, a decir verdad, lo adoro, me crispó la piel, cada que iba a casa de Gerul, buscaba ese libro, hasta que me hice de él, y ahora como lo prometí a alguien, lo transcribo para leerlo y leerlo y leerlo y deducir todas las fenomenales conclusiones que esta historia tiene.
Va, pues de retorno blogueril, a empezar con algo chingón.




